Portfolio

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Jesús R. Rocandio

Un cazador solitario

(Logroño, 1958)

Suena un disparo en medio del bosque. Como un francotirador, Jesús Rocandio acaba de cobrarse su presa, cuya naturaleza todavía es una incógnita. Sólo cuando revise el visor de su cámara conocerá la auténtica dimensión de cada imagen detenida: intimidantes árboles casi milenarios, parajes en medio de la nada de rara belleza, una figura humana que surge como una sombra, sombra nada más. Siguen sonando disparos, los que Rocandio lanza ahora aupado al Monte Cantabria, parapetado tras las cenizas de Azcona, polvo serás. Polvo nada más. Son disparos verbales, secos algunos, certeros todos: Rocandio habla como retrata, apuntando contra el centro de la diana, donde se sitúa el corazón de los hombres. Y no deja de disparar: dispara contra la ciudad a la que ama, dispara escondido entre la naturaleza de la que es devoto, de los ciclópeos helechos canarios al infinito azul de Islandia. Dispara cuando atardece, dispara de noche, dispara siempre con compasión. Porque Rocandio es un cazador solitario y un fotógrafo con escrúpulos.

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