Portfolio

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Alfredo Tobía

Cazador de emociones

Melenita cenicienta, perilla de espadachín, el mosquetero Alfredo Tobía no necesita mirar. Ya sabe lo que ve. Explora las entrañas de cada ser humano retratado por su cámara como quien pela cebollas. Va retirando capas y capas hasta que la persona se transforma en personaje y entonces sí. Entonces indaga alrededor del auténtico yo de quien se atreve a situarse delante de su cámara y aceptar que todos estamos más o menos desnudos cuando la fotografía nos roba lo que siempre roba. El alma, claro. Pero es un robo consentido. Un juego. Emboscado tras lentes y visores, su ojo apunta hacia donde quieren sus manos, que dibujan en el aire enormes diafragmas por donde se cuela la realidad hasta entonces impenetrable. Y descubrimos que la realidad son sombras. Sombras nada más. El viento en la copa de los árboles, el roce de una caricia vegetal, naturalezas muertas como la nariz de un payaso. Un fotógrafo compasivo, un cazador de emociones.

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